Vivimos entre sustitutos. El progreso no solo está reemplazando a la naturaleza; ha aprendido a simularla, y nos convence de su propia inevitabilidad a través del miedo a quedarnos atrás. Lo salvaje es empacado, dominado y vaciado de peligro para convertirse en producto.
Nuestra desconexión de la naturaleza, y con ella la erosión de la delgada capa viva del planeta, es el problema más grave de nuestro tiempo.